Abrí la ventana de mi habitación y sentí el frío que se colaba hacia dentro.
Estiré mi mano para alcanzar lo que alguna vez llamé libertad, pero en el camino ésta se congeló y detuvo mis movimientos.
Y como siempre, quise llorar para sosegar el dolor de mi alma, pero al igual que mi mano, las lágrimas se volvieron de hielo. Hielo pesado, duro como unos bloques, irrompible, imposible de destruir, imposible de eliminar para revivir las tristes emociones que albergaba mi alma y que querían salir, para darme esa libertad ya mencionada.
De a poco fue todo cubriéndose de hielo, hasta que mi silueta se endureció, y con el mínimo golpe se quebró.
Y los trozos de mí esparcidos por la habitación se preguntron porqué yo no fui capaz de destruir los bloques de hielo, pero un toque de alguien más lo hizo con tanta facilidad.
Y el agua se derritió con el calor del verano, y ésta se volvió vapor, y me elevé y desaparecí por siempre, por siempre...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 aportes ;D:
Publicar un comentario en la entrada